lunes, 7 de enero de 2008

NOCHE DE REYES MAGOS EN AMECA MECA


Como ya es costumbre de cada año, y para culminar el maratón de fiestas decembrinas, este 5 de enero se montó el tianguis de reyes en la explanada del estacionamiento de La Parroquia de la Asunción, en Amecameca..

La vendimia comenzó el día viernes 4 de enero, alrededor de las 18 horas, cuando los comerciantes comenzaron a instalar sus puestos frente al atrio de la parroquia y alrededor del jardín municipal, hasta que poco a poco se fueron llenando los espacios destinados para el pequeño tianguis. Así amaneció la plaza amecamequense, y conforme transcurría la mañana, se notaba como aumentaba paulatinamente el número de comerciantes, compradores y también de aquellos que acuden a observar lo que se vende, por simple curiosidad o también por nostalgia.

Mientras que al frente de la versión municipal del Hemiciclo a Juárez, dos tríos de Reyes Magos, instalados desde muchos días antes, se tomaban la foto del recuerdo con los niños.

Así transcurría el día, entre más se aproximaba la tarde se hacía más notoria la presencia de padres de familia que de última hora hacían las compras para satisfacer los deseos y las ilusiones de sus hijos por recibir un regalo al día siguiente. “Todo sea por los Reyes magos”, comentaban algunos padres de familia que al enfrentarse a los altos precios primero hacían cuentas y se rascaban los bolsillos.

Hacia las siente de la noche, el pequeño tianguis se había convertido en una verbena popular, al conjunto de jugueteros se sumaron puestos de comida: los esquites, los elotes hervidos, junto a las papas a la francesa, las hamburguesas y hot dogs, las tortas de Tamal y atole y los infaltables taquitos que a esa hora abren sus locales, llenaron el ambiente de olores y sabores; la noche iba a ser larga y aún era joven para los compradores que debían pasar desapercibidos ante los ojos de los niños, tarea difícil ocultar los juguetes que a esa hora compraban, y que ocultaban en enormes bolsas de plástico negro, eso sí, los bolsones se vendían por separado por la módica cantidad de diez, quince o hasta veinte pesos (dependiendo el tamaño), y aunque el enorme bulto oscuro se hacía aún más sospechoso resultaba buena estrategia para conservar un ápice de la inocencia de los niños que a gritos pedían y señalaban todo cuanto podían …”Tienes que ir viendo que te gusta, para que se los pidas a los Reyes..” le decía una madre a su pequeña, ante la inminente llegada de los Magos de Oriente.

Pero además de juguetes podías hallar otros regalos que podía recibir los infantes: ropa, zapatos, tenis de marca, dulces, galletas e incluso, se encontraban a los siempre presentes vendedores de DVD´s piratas, que musicalizaban la vendimia al ritmo de lo mejor del “reggeton” o incluso alguno dejaba escuchar melodías de los “Doors” a todo volumen. Al parecer había potenciales regalos para todas edades y gustos, pues un puesto de lencería erótica se asomaba entre los puestos de muñecos y chamarras.

Por supuesto que no podían faltar las tradicionales roscas de reyes, las cuales se adquirían desde cincuenta hasta cien pesos, dependiendo el tamaño de esta, y por supuesto, del vendedor.

Nada le faltó a ese tianguis ya tan tradicional, y aún cuando el reloj de la parroquia marcaba las once de la noche, se veía y se sentía como si fuera medio día. La concurrencia iba aumentando a tal punto que resultaba casi imposible mirar bien y con detenimiento todo lo que se ofrecía en cada puesto, porque los apretujones, aventones y pisotones (que con el correr de los minutos se hacían más frecuentes) dificultaban la tarea, incluso de caminar por los improvisados pasillos. Así que se preguntaban los precios y se ofrecía a gritos la mercancía: las Barbies de marca registrada compitiendo con las pobres imitaciones, los carritos de plástico o aún de madera que en aparatosidad nada tienen que hacer frente a los poderosos Hot Wheels y sus estilizadas autopistas, aún así, no faltaron los juguetes tradicionales y sencillos que por lo tanto son más económicos. Todo se vendería esa noche… hasta un trío de cachorritos finos, que apretujados unos contra otros, dormían la siesta a pleno roció de la noche, esperando que alguien pagara los tres mil quinientos pesos que su dueño actual pedía a cambio de cada uno. Y no podían faltar los globos flotantes que a esa hora, en el jardín, los niños soltaban para que les llevara las cartas a los Reyes dadivosos (nada que su magia no pueda lograr).

Nada logró disminuir la numerosa concurrencia al tianguis, ni aún la presencia de la “supertienda” Mi bodega Aurrera, a pesar de que se anunció con días de anticipación que esa noche cerraría a las dos de la mañana, a esa hora, y para fortuna de los modestos comerciantes de la plaza municipal, lucía más vacía que de costumbre, pues la mercancía que ofrecía a los consumidores dispuestos y preparados para pagar los precios de los juguetes de importación, era realmente incipiente y escasa.

Así pasó la noche de los Reyes magos que nuevamente otro año, y a pesar de los problemas de economía, se hicieron presentes una vez más en los hogares mexicanos.